Italia nunca creyó en cuentos de hadas

Posted on

Hay muchas veces que las cosas no salen como uno quiere. Da igual que pongas todo lo que tienes, que te superes dejándolo todo por un sueño, que si no toca, no toca. Aquí es donde capitulan los discursos de muchos  predicadores que tanto han proliferado en este siglo XXI y que venden la buena nueva de que si uno cree en sí mismo, si está confiado en alcanzar una meta, lo logrará siempre. En definitiva, esos que alimentan los cuentos de hadas que, al fin y al cabo, sólo acumulan polvo en estantes del apartado de narrativa fantástica de cualquier biblioteca.

A Salvador Gómez, Pedro García, Miguel Ángel Oca, Rubén Michavila, Marcos Antonio González, José Ignacio Lobera, Gustavo Marcos, Jesús Rollán, Josep Picó, Sergi Pedrerol, Manuel Estiarte, Juan Valls, Manuel Silvestre, Juan Castellsagué, Gabriel Hernández, Jordi Sans, Daniel Ballart y Ricardo Sánchez no les tocó alcanzar las mieles de la gloria. Les pusieron la corona a un palmo para arrebatársela de forma cruel en la que tenía que ser su Olimpiada. Maldijeron mil veces ese sueño por el que tanto habían sufrido y luchado pero que no pudieron alcanzar.

Pues fue la selección de waterpolo de Italia quien bajó a la tierra a la de España en Barcelona 92’, en la última prórroga del último partido. Y eso que todo estaba preparado. Escenario ideal, partido épico con un guión perfecto que hacía soñar hasta al más pesimista. No había un equipo de los doce que disputaron esos Juegos Olímpicos que hubiese sufrido tanto para estar ahí como ellos. Pero no era su momento.

No cabía nadie en las Bernat Picornell

El escenario era magnífico porque ese grupo de dieciocho muchachos había hecho que un deporte semidesconocido en el país, como era el acuático, fuera la comidilla de todo el mundo y todos quisiesen ver de cerca a sus nuevos ídolos. Así, las piscinas Bernat Picornell que ya habían visto el histórico oro de Martín López-Zubero en 200 espalda, se engalanaban y colgaban el cartel de no hay billetes. Hacía un día espléndido, la afición se había volcado y creía en esa victoria. Pero Italia no quiso.

Y eso que el guión también era perfecto por cómo llegó España a esa final. Favoritos e intratables tras acabar líderes en el grupo de la muerte, el B. Ese en el que se enfrentaron a Hungría (8-5), Cuba (12-10), Holanda (12-6) y Grecia (11-6). El único partido que no acabó con victoria fue precisamente el penúltimo frente a la “azzurra”, con un espectacular empate a nueve.  Premonición de lo que vendría días después, un encuentro durísimo y muy igualado.

Un stage en Andorra terrorífico que les mató, les hizo convertirse en cenizas y renacer”

Para poder estar ahí, en esa final en un caluroso día de agosto, los españoles llegaban tras ascender del infierno que les había perpetrado su técnico, el croata Dragan Matutinovic desde comienzos de año. Un stage en Andorra terrorífico que les mató, les hizo convertirse en cenizas y renacer para campear en el Olimpo del waterpolo en el que se había convertido la Ciudad Condal. Allí lo tuvieron todo al alcance de un gol, de una parada, de un chut que no entró… No pudo ser.

Jesús Rollán había sostenido a los suyos a base de auténticas paradas. Fue el ángel sin alas de España, las mismas que se calzó catorce años después, cuando nos dejó por trágicas circunstancias. Con un tanto de penalti Estiarte despertó a los suyos, atenazados durante todo el duelo, para ponerlos 8-7 por delante en la primera prórroga. No volverían a anotar. Verían cómo su portería acabaría perforada dos veces más, acabando con ese 8-9 final. La historia perfecta se convertía en imperfecta, las gradas lloraban, los jugadores también. Todo pudo ser pero no fue. No, Italia no quiso que fuera porque nunca creyó en cuentos de hadas.

0 Comments

Leave a comment

Your email address will not be published.