El Dream Team: La vida después de la inmortalidad

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Para cualquier amante del deporte, siempre hay equipos que uno se sabe de memoria, de carrerilla. Aquella alineación que, por su aura única o por ir ligada a algún hito para el recuerdo, apenas requiere de un vistazo atrás para recuperar en tu mente. En mi caso no puedo engañar a nadie: no viví los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92. Pero, pese a ello, no habría forma que no pudiera tener presente a un equipo que no entiende de tiempo, edades o épocas. Un equipo irrepetible, que fue histórico ya antes de pisar el parquet y que salió de la Ciudad Condal como una leyenda. Sí, hablamos del Dream Team de EEUU.

Los pupilos del ya difunto Chuck Daly, también archiconocido coach de otro ilustre equipo como los Detroit Pistons de los Bad Boys, eran el primer Team USA formado con jugadores profesionales, no surgidos de la NCAA.  Y aquella selección de ‘hombres’, con el producto de Duke Christian Laettner como único universitario, cumplió con las expectativas. Y las superó. Y marcó un listón que ningún conjunto podrá igualar jamás. 117 puntos y casi 44 de ventaja de media por partido. Los rivales, haciéndose fotos con Jordan, con Magic y compañía al acabar los partidos. Todos sabían que aquello que sucedía en el Olímpic se iba a ganar el premio de la eternidad.

Fueron héroes inmortales de un país que los encumbró al Olimpo de las leyendas

El oro fue lo de menos. Lo tenían en el cuello al bajarse del avión. Incluso se especula que, durante la preparación en Montecarlo, se jugó el mejor partido de la historia del baloncesto. Aquellos doce jugadores se habrían enfrentado en un partido de práctica, que acabaría siendo un duelo por el honor; unos liderados por Michael Jordan y otros por Magic Johnson. Apenas hay unas pocas secuencias del mismo, pero en ellas se aprecia la competitividad y cómo la magia volaba incesable en el aire al paso de cada bote, de cada salto, de cada pase.

Fueron héroes inmortales, héroes de un país que los encumbró al Olimpo de las leyendas por sus memorables hazañas en Barcelona. Pero los años pasan. Aquellas piernas que otrora recorrían cada metro de aquel parquet a una velocidad de vértigo, ahora reposan viendo cómo las nuevas generaciones intentan tomar su relevo, un legado de oro.

Michael Jordan, tras los Juegos Olímpicos, ganó, se retiró, volvió, ganó de nuevo –rodó Space Jam por medio–, se volvió a retirar y volvió una vez más, sin éxitos bajo el brazo pero a tiempo de dar un par de lecciones a las nuevas hornadas. Tras su última retirada en 2003, regresaría al ruedo NBA a través de los Charlotte Hornets -entonces todavía los Bobcats-, como máximo accionario y presidente de los mismos, puesto que todavía mantiene.

Otro que se ha enrolado recientemente de forma activa a una franquicia es Magic Johnson, desde el pasado febrero Presidente de Operaciones en ‘sus’ Lakers. Con la dura tarea de armar la era ‘post Kobe Bryant’, el legendario #32 de los dorado y púrpura tiene ante sí un nuevo reto, aunque esta vez en los despachos. Su gran rival y amigo, Larry Bird, también estuvo al servicio de los Indiana Pacers, primero como entrenador (1997-00) y luego al cargo de las operaciones hasta el pasado mayo, cuando renunció al puesto.

Del roster del Dream Team, vemos que muchos jugadores han tomado caminos similares: Chris Mullin (Saint John’s), John Stockton (Montana State) o Patrick Ewing (Georgetown) han tomado la pizarra en equipos de la NCAA; mientras que Karl Malone sirve como entrenador de pívots en los Utah Jazz. Los hay que se han pasado al otro de las cámaras, como Clyde Drexler –comentarista de los Houston Rockets– , Charles Barkley –analista en la TNT junto con Shaq o Kenny Smith– o Scottie Pippen –analista para la ESPN–. Para acabar, otros que han tomado una retirada menos visible, cumpliendo con causas sociales como en el caso de David Robinson, dedicándose a la pesca y a los negocios como Christian Laettner.

Todos han dejado ya atrás días de glorias, de éxitos y de sueños cumplidos, para vivir una realidad a la que no son ajenos: el paso del tiempo. 25 años después, el Dream Team sigue siendo más que un equipo: son los últimos representantes de la old school, del ‘basket de antes’. Su legado sigue mientras los años pasan, pero en la memoria de todos siempre quedarán aquellos doce jugadores que un día decidieron darle al mundo el mayor regalo que el baloncesto ha recibido nunca.

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